Paseo de Pereda (Santander)
Qué es el Paseo de Pereda
El Paseo de Pereda es el frente marítimo de Santander y la calle que mejor resume la ciudad: por un lado, una fachada continua de edificios del siglo XIX con galerías acristaladas; por el otro, la bahía entera, con los muelles, los veleros y la orilla verde de enfrente. Entre las dos cosas, un paseo largo, llano y arbolado por el que camina media ciudad todos los días.
El nombre viene de José María de Pereda (1833-1906), el novelista cántabro del realismo, cuyo monumento preside los jardines que llevan su apellido, en el extremo occidental del paseo. Esa combinación —jardines, monumento literario, galerías burguesas y puerto— es exactamente la de la Santander que se levantó en el siglo XIX, cuando la ciudad creció como puerto comercial y como destino de veraneo.
Dónde está exactamente
Recorre el borde de la bahía de Santander por el centro de la ciudad. Por el oeste arranca en los Jardines de Pereda, junto al ayuntamiento y al eje comercial del centro; por el este continúa hacia Puerto Chico, la dársena de los barcos deportivos, y desde allí el paseo marítimo sigue hasta la península de la Magdalena y El Sardinero.
Es una de las calles mejor comunicadas de la ciudad. Las estaciones de Renfe y de vía estrecha comparten entorno a pocos minutos andando del extremo oeste del paseo, igual que la estación de autobuses. Desde los muelles del propio paseo salen las lanchas regulares que cruzan la bahía hasta Somo y Pedreña, que son transporte público y no excursión turística: mucha gente las usa a diario. En coche, el paseo tiene tráfico —no es peatonal— y aparcar en superficie es prácticamente imposible, así que lo razonable es un subterráneo del centro.
Las galerías: por qué Santander se ve así
Lo primero que llama la atención del paseo es la fachada: pisos y pisos de galerías acristaladas, blancas, corridas, una detrás de otra. No es decoración. En una ciudad del Cantábrico, con lluvia repartida por todo el año y viento del norte, la galería es una solución climática: crea una cámara de aire delante de la vivienda, atrapa el sol cuando lo hay y permite tender y estar fuera sin estar a la intemperie. Es la seña de identidad arquitectónica de la costa cantábrica y en el Paseo de Pereda se ve en su versión más monumental.
Ese frente tiene además un valor añadido por lo que ocurrió después. En febrero de 1941, un incendio impulsado por un temporal de viento sur arrasó buena parte del casco antiguo de Santander y borró del mapa la ciudad medieval. El conjunto del Paseo de Pereda y la calle Castelar es uno de los que se conservaron, y por eso hoy funciona como el gran testimonio de la Santander anterior a aquella noche.
Qué hay en el paseo y alrededor
- Los Jardines de Pereda, con el monumento al novelista, reformados en los últimos años para conectarse directamente con el agua.
- El Centro Botín, el edificio de exposiciones que se levanta sobre los muelles, proyectado por Renzo Piano e inaugurado en 2017. Es el elemento que ha cambiado la relación de la ciudad con su bahía en la última década.
- El Palacete del Embarcadero, pequeño pabellón del muelle hoy dedicado a exposiciones.
- La Grúa de Piedra, la vieja grúa portuaria conservada como monumento junto al agua.
- El Banco de Santander, fundado en la ciudad en 1857, con su sede histórica en el propio paseo.
- La catedral, en la parte alta, con su cripta del Santísimo Cristo, uno de los edificios que sobrevivió parcialmente al incendio de 1941.
- El Mercado de la Esperanza, mercado de abastos de hierro y cristal de finales del XIX, a cinco minutos.
- Puerto Chico, con las terrazas y los barcos, que es la continuación natural del paseo hacia el este.
Qué comer por la zona
Santander es ciudad de barra y de producto del Cantábrico, y el entorno del paseo concentra buena parte de la oferta. Lo que no se puede dejar de probar:
- Las rabas, que aquí son calamar rebozado y cortado en tiras, y que son casi una institución local. Se piden por ración y se comparten.
- Las anchoas, con Santoña a pocos kilómetros: el filete en aceite, servido tal cual sobre pan, es el aperitivo cántabro por excelencia.
- El cocido montañés, de alubia blanca con berza y compango, el plato de invierno de la región.
- Los sobaos pasiegos y la quesada pasiega como postre o como merienda.
- El pescado del día en los locales de Puerto Chico y del entorno del mercado.
Las terrazas del propio paseo tienen la mejor vista y, como pasa siempre, los precios más altos. Las barras de la calle Peña Herbosa, del entorno del mercado y del casco viejo ofrecen prácticamente lo mismo a bastante menos.
Cuándo ir
El paseo funciona todo el año, pero cambia mucho según la época:
- Verano. Es la temporada alta de Santander y la ciudad se llena. La Semana Grande, alrededor del 25 de julio, concentra los actos y los fuegos sobre la bahía.
- Regatas de traineras. La bahía es escenario habitual de las competiciones de remo del Cantábrico, y el paseo se convierte en grada natural.
- Primavera y otoño. La mejor relación entre clima y afluencia: la ciudad está tranquila y el paseo, vacío a primera hora, es lo más parecido a tener la bahía para uno.
- Invierno. El paseo está expuesto y el viento del norte pega de frente. Con temporal, las olas rompen contra los muelles y merece la pena verlo, pero con abrigo de verdad.
La bahía, en cinco datos que cambian la visita
El paseo no se entiende sin lo que tiene delante, y la bahía de Santander tiene algunas particularidades que conviene conocer antes de recorrerlo:
- Es una bahía cerrada. La ciudad no da al mar abierto por este lado, sino a una ensenada protegida con una bocana estrecha. Eso explica que el agua esté casi siempre en calma y que el puerto haya funcionado durante siglos.
- La orilla de enfrente es campo y playa. Lo que se ve desde el paseo es la ribera de Somo, Loredo y Pedreña, con arenales largos y campos de golf. Por eso las lanchas funcionan como transporte diario y no como paseo turístico.
- La península de la Magdalena cierra la bahía por el este. En ella está el Palacio de la Magdalena, construido por suscripción popular y entregado a Alfonso XIII en 1913 como residencia de verano: ese episodio es el que convirtió a Santander en destino veraniego de primer orden.
- El Sardinero está al otro lado. Las playas urbanas grandes de Santander no dan a la bahía, sino al Cantábrico abierto, pasada la Magdalena. Del Paseo de Pereda al Sardinero hay unos tres kilómetros por el paseo marítimo.
- El puerto sigue activo. Desde los muelles de Santander operan líneas regulares de ferry con el Reino Unido, además del tráfico de mercancías. Ver entrar un buque grande por la bocana desde el paseo es más habitual de lo que parece.
Un plan de medio día que funciona
- Empezar en los Jardines de Pereda y recorrer el paseo de oeste a este, mirando las galerías del lado de tierra y la bahía del lado del agua.
- Parar en el Centro Botín, aunque sea solo para subir a su terraza y ver la bahía desde arriba.
- Seguir hasta Puerto Chico y tomar algo en una de sus barras.
- Cruzar la bahía en lancha hasta Somo o Pedreña y volver. Es corto, es barato y es la mejor manera de entender la forma de la ciudad.
- Cerrar subiendo a la catedral y bajando por el Mercado de la Esperanza.
Avisos prácticos
No es una calle peatonal. El Paseo de Pereda tiene tráfico rodado y el paseo propiamente dicho va por el lado del agua. Conviene cruzar por los pasos señalizados y no dar por hecho que todo es zona peatonal.
El viento es un factor. La bahía está abierta y el paseo no tiene resguardo. Un día de sol con viento del norte se lleva bastante peor de lo que parece desde el interior de la ciudad.
Las lanchas de la bahía tienen horario. Son transporte regular, con frecuencias que varían según la temporada, y el último viaje de vuelta es más temprano de lo que mucha gente supone. Conviene comprobarlo antes de cruzar.
En verano hay que reservar. Santander pasa de ciudad tranquila a destino lleno en julio y agosto, y los restaurantes del frente marítimo se llenan a diario.
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre del Paseo de Pereda?
De José María de Pereda (1833-1906), el novelista cántabro del realismo. Su monumento preside los Jardines de Pereda, en el extremo occidental del paseo, junto al ayuntamiento.
¿Por qué tienen galerías acristaladas los edificios?
Porque es la solución climática de la costa cantábrica: la galería crea una cámara de aire delante de la vivienda, atrapa el sol cuando lo hay y permite estar fuera sin estar a la intemperie en una ciudad con lluvia repartida por todo el año.
¿Qué es el Centro Botín?
Un centro de exposiciones levantado sobre los muelles del paseo, proyectado por Renzo Piano e inaugurado en 2017. Su terraza es uno de los mejores miradores de la bahía.
¿Se puede cruzar la bahía desde el paseo?
Sí. De los muelles del Paseo de Pereda salen las lanchas regulares que cruzan la bahía hasta Somo y Pedreña. Son transporte público con horario, no excursión turística, y el último viaje de vuelta es más temprano de lo que mucha gente supone.
¿Qué hay que comer en la zona?
Las rabas —calamar rebozado en tiras—, las anchoas de Santoña, el pescado del día en Puerto Chico y, de postre, sobaos y quesada pasiega. Las terrazas del paseo tienen la vista; las barras del entorno del mercado, el precio.
¿El Paseo de Pereda es peatonal?
No. Tiene tráfico rodado, y el paseo propiamente dicho discurre por el lado del agua. Aparcar en superficie es prácticamente imposible, así que lo razonable es un aparcamiento subterráneo del centro.