Calle Portales (Logroño)
Qué es la calle Portales
La calle Portales es la calle principal del casco antiguo de Logroño: peatonal, larga, con soportales a lo largo de buena parte de su recorrido y con las dos torres de la concatedral cerrando la perspectiva por un extremo.
Es, además, la calle que ha sido el centro comercial, financiero y político de la ciudad durante siglos. Eso se nota en el caserío: aquí no hay casas de labranza reconvertidas, hay edificios construidos para que se vieran.
De dónde viene el nombre
De los soportales. Un portal, en el sentido antiguo de la palabra, es el espacio cubierto que queda bajo el primer piso de una casa, sostenido por columnas o por pilares, y que permite caminar y comerciar a resguardo.
La calle tuvo soportales desde muy antiguo, pero conviene un matiz que casi nadie hace: la mayoría de los que se ven hoy se construyeron en el último cuarto del siglo XIX. No son medievales. Lo medieval es la idea y la traza de la calle; la arquería concreta que uno pisa es, en buena parte, decimonónica.
Y hubo otro nombre que duró muchísimo tiempo: durante años la calle se conoció como calle del Mercado, por su vínculo con el comercio. Con ese nombre aparece en un grabado de 1879, y de ahí vienen el nombre de la plaza contigua y la memoria de las ferias de ganado que se celebraban por la zona.
Por qué una calle con soportales
No es decoración: es una solución comercial y climática con siglos de recorrido.
Permite vender con cualquier tiempo. Bajo el portal se monta el puesto, se expone la mercancía y se atiende al cliente sin que la lluvia ni el sol decidan si hay mercado ese día. En una ciudad con inviernos fríos y veranos duros, eso no es un detalle.
Duplica el espacio útil de la calle. El tránsito puede ir por el centro y la actividad por los laterales, cubiertos, sin estorbarse.
Gana planta al edificio. La casa avanza sobre la vía pública a partir del primer piso, de modo que el propietario gana superficie en las plantas altas sin ocupar suelo a nivel de calle.
Esa triple ventaja explica por qué los soportales se repiten en las calles mayores de media España, desde las plazas castellanas hasta los cascos del norte, y por qué donde los hay siempre coinciden con el eje comercial.
Por dónde va
Recorre el casco antiguo de Logroño en línea bastante recta, es peatonal y es una de las calles fundamentales de la ciudad vieja junto con Barriocepo, la Rúa Vieja, la calle Mayor y la del Mercado. Esas cinco forman la retícula sobre la que creció Logroño.
Por un extremo desemboca en el entorno de la plaza del Mercado, presidida por la concatedral. Por el otro continúa hacia la plaza de San Agustín, donde está el Museo de La Rioja.
Y a mitad de recorrido, el palacio de los Chapiteles, uno de los edificios civiles más reconocibles del conjunto.
Se anda entera sin esfuerzo y sin cuestas: el casco de Logroño es llano, y esa es otra de las razones de que esta calle funcione tan bien como eje.
La Redonda, al fondo
Las dos torres que cierran la perspectiva son las de la concatedral de Santa María de la Redonda, y conviene decirlo con esa palabra: es una concatedral, no una catedral, porque comparte la sede episcopal con otra iglesia de la diócesis. Es el error más repetido en los textos sobre Logroño.
Sus dos torres barrocas gemelas son el remate visual de la calle y el motivo por el que casi todas las fotografías de Portales están tomadas en la misma dirección.
Dentro está enterrado el general Espartero, figura central de la política española del siglo XIX y muy ligada a Logroño. De hecho, el grabado de 1879 que retrata la calle con su antiguo nombre se publicó con motivo de su funeral.
Cómo es el caserío
Si se mira hacia arriba aparece un conjunto bastante coherente y con bastante ambición para una capital de provincia pequeña.
- Miradores acristalados en voladizo, que son el rasgo más característico del caserío logroñés y la respuesta local a un clima de contrastes: captan sol en invierno y hacen de galería.
- Balcones de forja en todas las plantas, muchos corridos.
- Fachadas del siglo XIX y de principios del XX, con molduras, cornisas trabajadas y, en las esquinas, algún torreón rematado en chapitel.
- Planta baja comercial en todo el recorrido, ocupando el espacio del soportal.
Ese caserío es la huella de la gente que vivió aquí: por su situación céntrica, junto al mercado y junto a la iglesia, esta fue durante mucho tiempo la calle de las familias acomodadas de la ciudad.
Lo que se ve hoy
El aspecto actual de la calle no es antiguo: procede de una remodelación municipal de 2006 que renovó el pavimento, la iluminación y la señalización y colocó el mobiliario que hoy la ocupa, bancos incluidos. Es una intervención que se nota si uno compara con las fotografías de los años noventa, y que explica por qué una calle tan vieja tiene un suelo tan uniforme.
En cuanto al uso, Portales funciona como eje comercial y de paseo. Por la mañana es comercio, al mediodía y a la tarde se llenan las terrazas, y el tránsito es continuo porque la calle conecta las dos zonas por las que se mueve todo el mundo.
Una observación útil para quien llegue por primera vez: la calle del tapeo famoso de Logroño no es esta. La calle Laurel y su entorno están cerca pero son otra cosa, con otra escala y otro ambiente. Portales es la calle de la ciudad; Laurel es la calle de la noche.
Qué hay alrededor
- La concatedral de Santa María de la Redonda y la plaza del Mercado, en un extremo.
- El palacio de los Chapiteles, a media calle.
- La plaza de San Agustín y el Museo de La Rioja, en el otro extremo.
- Barriocepo y la Rúa Vieja, las calles del Logroño más antiguo, paralelas hacia el río.
- El Ebro y el puente de Piedra, a pocos minutos andando.
- La zona de la calle Laurel, muy cerca, para lo que todo el mundo sabe.
Cómo llegar
Andando desde cualquier punto del centro: Logroño es una ciudad compacta y llana, y el casco antiguo se recorre entero a pie en poco rato.
En coche no tiene sentido llegar hasta la calle, que es peatonal. Lo práctico es un aparcamiento del entorno del Espolón o de la zona de ensanche y hacer el resto andando, que son unos minutos.
Y hay un detalle que conviene tener presente: Logroño es una etapa del Camino de Santiago, y el casco antiguo recibe peregrinos durante buena parte del año. Eso cambia el ambiente de la zona vieja respecto a otras ciudades de tamaño parecido, y se nota en el tipo de comercio y en los horarios.
Por qué merece una ficha
Porque es un caso de libro de algo que se repite en toda España y que casi nunca se explica: una calle que debe su nombre a una solución constructiva, no a un santo, a un prócer ni a una fecha.
El topónimo describe lo que hay. Y lo que hay —una arquería corrida que permite comerciar a cubierto— explica por qué esta calle y no otra acabó siendo el centro de la ciudad durante quinientos años. El nombre, la forma y la función dicen lo mismo, que es algo que en un callejero pasa menos de lo que parece.
A eso se suma el detalle que más desconcierta cuando se descubre: los soportales que todo el mundo asocia a la Edad Media son, en su mayoría, de hace poco más de siglo y medio. La calle es vieja; su arquería, bastante menos.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama calle Portales?
Por los soportales. Un portal, en el sentido antiguo, es el espacio cubierto que queda bajo el primer piso de una casa, sostenido por columnas o pilares, y que permite caminar y comerciar a resguardo. La calle los tuvo desde muy antiguo, aunque conviene un matiz: la mayoría de los que se ven hoy se construyeron en el último cuarto del siglo XIX, así que lo medieval es la traza de la calle y no la arquería concreta. Durante muchos años la vía se conoció además como calle del Mercado, por su vínculo con el comercio.
¿Por dónde va la calle?
Recorre el casco antiguo de Logroño en línea bastante recta y es peatonal. Por un extremo desemboca en el entorno de la plaza del Mercado, presidida por la concatedral; por el otro continúa hacia la plaza de San Agustín, donde está el Museo de La Rioja. A media calle queda el palacio de los Chapiteles. Es una de las calles fundamentales de la ciudad vieja junto con Barriocepo, la Rúa Vieja, la calle Mayor y la del Mercado, y el recorrido es llano de principio a fin.
¿Qué son las dos torres que se ven al fondo?
Las de la concatedral de Santa María de la Redonda, con sus torres barrocas gemelas. Conviene usar la palabra correcta: es una concatedral y no una catedral, porque comparte la sede episcopal con otra iglesia de la diócesis, y ese es el error más repetido en los textos sobre Logroño. Dentro está enterrado el general Espartero, muy ligado a la ciudad; de hecho, el grabado de 1879 que retrata esta calle con su antiguo nombre de calle del Mercado se publicó con motivo de su funeral.
¿Para qué sirven los soportales?
Para tres cosas a la vez, y por eso se repiten en las calles mayores de media España. Permiten vender con cualquier tiempo, porque el puesto y el cliente quedan a cubierto. Duplican el espacio útil de la calle, con el tránsito por el centro y la actividad por los laterales. Y dan planta al edificio, que avanza sobre la vía pública a partir del primer piso sin ocupar suelo a nivel de calle. Donde hay soportales, casi siempre hay el eje comercial de la ciudad.
¿Es esta la calle de los bares de Logroño?
No, y es una confusión frecuente de quien llega por primera vez. La calle del tapeo famoso es la calle Laurel y su entorno, que está cerca pero es otra cosa: otra escala, otro ambiente y otro horario. Portales es la calle de la ciudad —comercio, paseo y terrazas— y Laurel es la calle de la noche. Las dos están en el casco antiguo y se llega de una a otra andando en pocos minutos.
¿Por qué la calle tiene un aspecto tan nuevo siendo tan antigua?
Porque su imagen actual procede de una remodelación municipal de 2006 que renovó el pavimento, la iluminación y la señalización y colocó el mobiliario que hoy la ocupa. Es una intervención que se aprecia al comparar con fotografías anteriores y que explica la uniformidad del suelo en una calle con siglos de historia. Lo antiguo está en la traza, en los soportales y en las fachadas; lo que se pisa es reciente.