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Calle Laurel (Logroño)

Qué es la calle Laurel y por qué tiene fama

La calle Laurel de Logroño es una calle corta, estrecha y peatonal del casco antiguo que concentra, en apenas unos cientos de metros, alrededor de medio centenar de bares. Esa densidad es lo que la ha convertido en una de las citas gastronómicas más conocidas del norte de España: no se va a la Laurel a comer en un sitio, se va a recorrerla, un pincho y un vaso en cada barra, de pie y en movimiento.

El nombre popular con el que se la conoce en la ciudad, la senda de los elefantes, resume bien el plan: se entra por un extremo, se sale por el otro y, a base de rondas cortas, el regreso a casa se hace con un paso más lento y más ruidoso de lo previsto. Junto a la calle Laurel funcionan como una única zona la travesía de Laurel, la calle San Agustín, la calle Albornoz y la vecina calle San Juan, que es la segunda gran calle de pinchos de Logroño.

Vista de la calle Laurel de Logroño, estrecha y peatonal, con los rótulos de sus bares
La calle Laurel es estrecha y peatonal: los bares se anuncian con rótulos que cuelgan sobre el paso, cada uno con su especialidad.Foto: jynus · CC BY 2.5 · Wikimedia Commons

Dónde está exactamente

Está en el casco antiguo de Logroño, a un par de minutos andando de la calle Portales y de la concatedral de Santa María de la Redonda, y a cinco minutos del paseo del Espolón. Se llega caminando desde cualquier punto del centro: la ciudad es llana y compacta, y la distancia entre la estación de trenes y autobuses (ambas en el mismo edificio, al sur del centro) y la calle Laurel se cubre en unos diez o quince minutos a pie.

El acceso en coche no tiene sentido: la calle es peatonal y todo el entorno tiene el tráfico restringido. Lo práctico es dejar el vehículo en uno de los aparcamientos subterráneos del centro —los del entorno del Espolón y de la zona de la Gran Vía son los habituales— y bajar andando. En las noches de jueves a sábado y durante las fiestas, cualquier plaza en superficie cercana estará ocupada.

Cómo funciona el pincho, paso a paso

El sistema es siempre el mismo y conviene entenderlo antes de entrar, porque explica por qué la calle funciona como funciona:

  1. Cada bar tiene una especialidad. No es una carta amplia: la mayoría de los locales viven de uno o dos pinchos que hacen mejor que nadie, y el resto es acompañamiento. Es exactamente lo contrario de un restaurante.
  2. Se pide en la barra y se paga por ronda. No hay cuenta abierta ni mesa reservada. Se pide, se paga, se come de pie y se sale.
  3. Una ronda es un pincho y un vaso. El vino de Rioja por copa es la bebida por defecto; también se pide cerveza pequeña o refresco. La ronda es corta a propósito: la idea es probar en varios sitios.
  4. Se cambia de local cada ronda. Quedarse tres rondas en el mismo bar es perder el sentido del recorrido, y en hora punta bloquea la barra.

El pincho más identificado con la calle es el champiñón a la plancha, servido sobre pan con ajo, aceite y guindilla, y con un palillo cruzado; hay más de un local del tramo que lo ha convertido en su firma, y los rótulos con la seta dibujada se ven desde la entrada. Junto a él, los clásicos que se repiten son las brochetas de langostino, la patata rellena, el bocadito de cordero, el matrimonio de anchoa y las mollejas o los zarajos para quien busque casquería.

El gasto es difícil de fijar porque cada local pone su precio y los precios cambian de año en año, pero como referencia orientativa una ronda completa —pincho más bebida— se mueve en el entorno de los tres o cuatro euros, y una vuelta de cuatro o cinco paradas equivale a una cena. Conviene llevar algo de efectivo: casi todos los bares aceptan tarjeta, pero en hora punta la cola avanza más rápido pagando en mano.

Cuándo ir y cuándo no

La calle tiene dos turnos claros. El del mediodía arranca sobre la una y se alarga hasta las tres, y es el más tranquilo: se puede hablar, se ve bien lo que hay en cada barra y muchas cocinas están recién abiertas. El de la noche empieza sobre las ocho y es el que da a la calle su ambiente característico; a partir de las nueve y media, de jueves a sábado, se camina despacio porque la gente ocupa el centro del paso.

Tres avisos prácticos que evitan un viaje en balde:

  • El descanso semanal existe. Muchos locales cierran domingo por la noche y lunes, o hacen vacaciones en distintas semanas del año. Un lunes de invierno la calle está a medio gas.
  • En fiestas de San Mateo, en torno al 21 de septiembre, la calle se desborda. Coincide con la Fiesta de la Vendimia Riojana y el casco antiguo entero es la fiesta. Es la semana más animada y también la más incómoda si se busca tranquilidad.
  • Con grupos grandes no funciona. Más de seis personas no caben en una barra en hora punta; lo razonable es dividirse y reagruparse en la calle.
Calle Portales de Logroño con sus soportales y la torre de la concatedral al fondo
A dos minutos de la Laurel, la calle Portales y sus soportales son el eje comercial del casco antiguo de Logroño.Foto: Artistosteles · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Qué hay alrededor

El interés de la zona no acaba en las barras. En un radio de cinco minutos andando están:

  • La concatedral de Santa María de la Redonda, reconocible por sus dos torres barrocas gemelas, con la fachada asomada a la calle Portales.
  • La iglesia de Santiago el Real, con el santo a caballo sobre la portada y una de las referencias del Camino de Santiago en la ciudad.
  • La iglesia de Santa María de Palacio, cuyo cimborrio piramidal, «la aguja», es una de las siluetas del casco viejo.
  • La calle Portales, con sus soportales corridos, y el paseo del Espolón, el gran espacio abierto del centro.
  • El trazado del Camino de Santiago, que atraviesa el casco antiguo por Rúa Vieja y Barriocepo: por eso es normal cruzarse con peregrinos a media tarde.
Calle San Juan de Logroño, la segunda calle de pinchos del casco antiguo
La calle San Juan funciona como continuación natural del recorrido: mismos horarios, mismo sistema de pincho y barra.Foto: Artistosteles · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Un recorrido razonable para la primera vez

Quien no conoce la calle suele cometer el mismo error: entrar en el primer bar con hueco y quedarse. Un plan que funciona mejor es este:

  1. Entrar por un extremo y caminar la calle entera sin pedir nada. Dos minutos. Sirve para ver qué se está sacando en cada barra y dónde hay sitio.
  2. Empezar por lo salado y simple —un champiñón, una brocheta— con un vaso de tinto joven o de rosado, que aguanta mejor la temperatura de la calle en verano.
  3. Segunda parada, algo de fritura o de cordero. Es el punto donde se decide si la noche es corta o larga.
  4. Tercera parada, la calle San Juan, para cambiar de ambiente sin salir de la zona.
  5. Cerrar en el mismo casco antiguo: a esa hora, un postre o un café en una terraza del entorno de Portales sale mejor que una cuarta ronda de pie.

Y dos normas no escritas que se agradecen: no se acapara mesa —las pocas que hay son para quien come, no para quien apoya el vaso— y los palillos y las servilletas van a la papelera o al recipiente de la barra. La costumbre de tirarlos al suelo es de otra época y en la mayoría de los locales de la Laurel ya no se ve.

Accesibilidad y detalles que conviene saber

La calle es llana y peatonal, sin bordillos que salvar, lo que facilita el paso con silla de ruedas o carrito por el propio vial. El problema está dentro: muchos locales son muy pequeños, con la barra a poca distancia de la puerta y sin espacio de giro, y algunos tienen un escalón de acceso. En hora punta, la aglomeración en el centro de la calle es el mayor obstáculo real; a mediodía el recorrido es mucho más cómodo.

Sobre el ruido: es una zona de convivencia entre hostelería y vivienda, con vecinos en los pisos superiores de casi todos los portales. Hablar en la calle a las tres de la mañana no es parte del plan.

Preguntas frecuentes

¿Por qué llaman a la calle Laurel «la senda de los elefantes»?

Es el apodo popular del recorrido: se entra por un extremo y se sale por el otro tras varias rondas cortas de pincho y vaso, y el paso de vuelta se vuelve más lento y ruidoso. Se aplica a la calle Laurel y a su entorno inmediato de bares.

¿Cuántos bares hay en la calle Laurel?

En la calle Laurel y su entorno inmediato —travesía de Laurel, San Agustín, Albornoz y la vecina calle San Juan— funcionan alrededor de medio centenar de locales, cada uno con una o dos especialidades propias.

¿Cuánto cuesta ir de pinchos por la calle Laurel?

Cada bar fija su precio y varían de un año a otro, pero como referencia orientativa una ronda de pincho más bebida se mueve en el entorno de los tres o cuatro euros. Cuatro o cinco paradas equivalen a una cena.

¿A qué hora abren los bares de la calle Laurel?

Hay dos turnos: el del mediodía, aproximadamente de una a tres, y el de la noche, que arranca sobre las ocho. Muchos locales cierran domingo por la noche y lunes.

¿Se puede llegar en coche a la calle Laurel?

No: es peatonal y el entorno tiene el tráfico restringido. Lo práctico es dejar el coche en un aparcamiento subterráneo del centro y acercarse andando, porque Logroño es una ciudad llana y compacta.

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