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Via urbana Casco Histórico · Zaragoza

Calle Alfonso I (Zaragoza)

Qué es la calle Alfonso I

La calle Alfonso I es el eje comercial del casco histórico de Zaragoza y, sobre todo, la calle que enmarca la basílica del Pilar. Su trazado desemboca en la plaza, y esa perspectiva —una calle recta que termina en las torres del templo— es una de las estampas urbanas más reconocibles de Aragón.

No es una calle antigua en su forma actual. Se abrió en el siglo XIX como una operación de reforma interior, atravesando la trama medieval para conectar el centro con la plaza del Pilar, y de ahí vienen sus dos características: la rectitud del trazado y el aire de ensanche de sus edificios.

Calle Alfonso I de Zaragoza, con la fachada del edificio Averly
La calle se abrió en el siglo XIX atravesando la trama medieval, y sus edificios tienen el aire de ensanche de aquella época.Foto: Ajzh2074 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

La perspectiva del Pilar

Es el motivo por el que casi todo el mundo la fotografía. Al caminar hacia el norte, la calle funciona como un encuadre: las fachadas cierran la vista a los lados y al fondo aparecen las torres y las cúpulas de la basílica.

Ese efecto no es casual. Cuando se planificó la apertura, la conexión visual con el Pilar era parte del objetivo, y por eso la calle tiene la orientación que tiene. Es un buen ejemplo de urbanismo del XIX: abrir una vía recta en un casco medieval para ordenar el tránsito y, de paso, construir una vista.

Qué hay en la calle

  • Comercio a pie de calle en toda su longitud, con una mezcla de cadenas y de establecimientos de la ciudad.
  • Arquitectura de finales del XIX y comienzos del XX, con miradores, cerrajería y fachadas trabajadas que merecen mirar hacia arriba.
  • Terrazas en los tramos más anchos y en las plazas contiguas.
  • Acceso peatonal cómodo, con el tránsito de vehículos restringido en buena parte del recorrido.

El consejo que más cambia la visita es el segundo: la calle se recorre normalmente mirando escaparates, y su interés arquitectónico está a partir del primer piso.

Basílica del Pilar de Zaragoza junto al Ebro
La calle desemboca en la plaza del Pilar, con la basílica y el Ebro al fondo: es el remate natural del paseo.Foto: de:Benutzer:Gisbertn · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Qué hay alrededor

  1. La plaza del Pilar, uno de los grandes espacios abiertos de España, con la basílica, la Seo y la lonja.
  2. El Mercado Central, un edificio de hierro y cristal de comienzos del siglo XX, a pocos minutos.
  3. El Tubo, la zona de tapas del casco histórico, en un enjambre de calles estrechas al sur.
  4. Las murallas y el Ebro, que marcan el límite norte del conjunto.
  5. El barrio del Coso y San Pablo, con el patrimonio mudéjar de la ciudad.

Con esa distribución, la jornada que mejor funciona es: mercado por la mañana, tapas en el Tubo al mediodía, plaza del Pilar por la tarde y la calle Alfonso como conexión entre las tres cosas.

Interior del Mercado Central de Zaragoza
El Mercado Central, de hierro y cristal, queda a pocos minutos y es una de las visitas obligadas del entorno.Foto: Robot8A · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Cuándo ir

La calle está viva en horario comercial y llena los sábados. Para la fotografía del Pilar al fondo, la primera hora de la mañana evita tanto la multitud como el contraluz.

Y hay una fecha que lo cambia todo: durante las fiestas del Pilar, en octubre, el casco histórico entero funciona de otra manera, con actividad continua y una afluencia enorme. Es fascinante para ver la ciudad y poco recomendable si el plan era pasear con calma.

El comercio de la calle, por tramos

La calle no es homogénea y conviene saberlo para no recorrerla dos veces. El tramo más cercano a la plaza del Pilar concentra la oferta orientada al visitante: recuerdos, hostelería y terrazas con vista a las torres. El tramo central es el comercial propiamente dicho, con las cadenas de moda y los grandes locales. Y el extremo sur, hacia el Coso, recupera el comercio de barrio y los establecimientos antiguos.

De ahí una recomendación práctica: para comprar, el tramo central; para sentarse, el norte; y para ver la ciudad de verdad, el sur y las calles que salen de él.

Lo que hay que mirar hacia arriba

La apertura de la calle coincidió con un momento de bonanza constructiva, y sus edificios lo reflejan. Cuatro elementos que se repiten y merecen atención:

  • Los miradores acristalados, una solución muy aragonesa para aprovechar la luz sin perder abrigo.
  • La cerrajería de los balcones, con trabajo de forja de finales del XIX y comienzos del XX.
  • Los remates de fachada, con cornisas y frontones que ordenan la altura del conjunto.
  • Los rótulos antiguos que algunos comercios conservan, en cerámica o en letra pintada.

Ese último detalle es el más frágil: los rótulos históricos desaparecen con cada cambio de local, y en esta calle quedan varios que merecen una mirada.

El Tubo, a un paso

Al sur de la calle, en un enjambre de callejas estrechas, está la zona conocida como El Tubo, que es donde Zaragoza come de tapas. Su nombre describe bien lo que es: pasadizos angostos con bares a ambos lados, tan estrechos que el nombre se explica solo al entrar.

Funciona con la misma lógica que otras zonas de tapeo del país: una especialidad por casa, raciones pequeñas y consumo de pie. Y tiene una ventaja de horario respecto a otras ciudades: el aperitivo del mediodía es una costumbre muy arraigada, así que la zona está viva antes de comer y no solo por la noche.

Cómo llegar y dónde dejar el coche

La calle está en el corazón del casco y la zona es peatonal o de tránsito restringido, así que el coche es un estorbo. Tres opciones que funcionan:

  1. Aparcamientos del borde del casco, y subir andando: son pocos minutos.
  2. Tranvía, que atraviesa la ciudad de norte a sur y deja a un paseo corto del entorno del Pilar.
  3. A pie desde la estación, que queda algo más lejos pero permite llegar en autobús urbano con facilidad.

Y un apunte sobre el clima que conviene tener presente: Zaragoza tiene veranos muy calurosos e inviernos con cierzo, el viento del noroeste que baja el frío percibido de forma notable. Una calle recta y orientada como esta lo canaliza, así que en invierno conviene abrigo de más.

Zaragoza en un día, con esta calle como eje

Si el viaje es corto, la calle Alfonso funciona muy bien como columna vertebral de la visita, porque casi todo lo importante del casco queda a menos de diez minutos de ella. Un recorrido que cumple:

  1. Mañana en la plaza del Pilar, con la basílica, la Seo y la lonja, que son tres edificios de primer nivel en el mismo espacio.
  2. Bajada por Alfonso hasta el Coso, mirando fachadas y parando en el Mercado Central.
  3. Mediodía en El Tubo, con el aperitivo largo que es costumbre local.
  4. Tarde en el Museo del Foro y el teatro romano, que explican los dos mil años que hay debajo del casco.
  5. Atardecer en el puente de Piedra, con la vista clásica de la basílica sobre el Ebro.

Ese último punto merece el desvío: la estampa de las cúpulas del Pilar reflejadas en el río al final del día es la imagen que la ciudad ha exportado, y está a cinco minutos del final de la calle.

El nombre de la calle y el de la ciudad

Hay un detalle que ordena la historia de Zaragoza y que esta calle recuerda en su nombre. La ciudad ha tenido tres nombres sucesivos que todavía se reconocen en su callejero: el ibérico Salduie, el romano Caesaraugusta —del que deriva el actual— y el andalusí Saraqusta. Alfonso I incorporó la ciudad a la Corona de Aragón en el siglo XII, y la calle abierta setecientos años después tomó su nombre.

Ese recorrido explica por qué en pocos metros del casco conviven un teatro romano, una aljafería andalusí a las afueras y un urbanismo del XIX: no son capas sucesivas de una misma ciudad, son ciudades distintas construidas en el mismo sitio.

Preguntas frecuentes

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